Martín Onti: Merlín

Veamos, que nadie venga ahora a decirme que sabía que esto iba a ocurrir; que España golearía con contundencia a Alemania al punto de hacerles parecer niños de escuela a los hombres de Joachim Löw. Si así fuese, que sepan que no se les podría creer ni como postrera alternativa en el medio de la desesperación.

El equipo de Luis Enrique cuajó uno de esos partidos en que todo sale a pedir del más inverosímil de los deseos. Es cierto que hubo razones lógicas y palpables para que así fuese, pero, las mismas intenciones con que la pizarra del técnico asturiano había tratado de materializarse en anteriores compromisos, no había funcionado con este tan inimaginable resultado.

El 6-0 de Sevilla obliga a rever situaciones, y sobre todo actitudes, en la Selección de España... y mejor que ni tengamos en cuenta lo que debería pensarse hoy, el día después, en el corazón de la ‘Mannschaft’ germana, donde las sensaciones deben ser lo más parecido a un polvorín con mechas secas y todas listas para prenderse fuego al mínimo contacto con una cerilla.

Pero, demasiado tiene Löw con esta derrota como para que nosotros nos preocupemos por lo que no es nuestra prioridad ahora. A riesgo de sonar despreciativos hacia el combinado alemán, el interés nos une en alegrarnos por un despertar que ha ayudado a La Roja a encaminarse hacia la realidad de su fútbol, así haya sido por un tardío golpe de realismo.

Lo cierto es que ayer en La Cartuja, España volvió a esperanzarnos en lo que el futuro que promete Luis Enrique sea el eterno presente a que Luis Aragonés y Vicente del Bosque nos acostumbraron.

No discutiremos, por ahora y con la victoria a cuesta claro está, si corresponde jugar con un ‘9’ de punta o uno falso; con mediocampistas de toque, de profundidad, lentos o veloces; de laterales que van y vienen; de defensas que descansan en la posición o la explotan la traslación; ni tampoco qué portero debe ser el titular y único que trasmita seguridad con propiedad del puesto como fijo.

Al margen de todo ello lo importante es saber que el mensaje funcionó en la mente de los jugadores, que cada uno mantuvo el norte técnico individual deseado desde las directivas estratégicas-tácticas del cuerpo de mando y que, finalmente, el juego que pretendemos ver en esta Selección de España apareció aunque se diga que Merlín se apiadó de Lucho a las márgenes del Guadalquivir.

Martín Onti

Tags: 

¡Obtén lo mejor de telemundo deportes!