Martín Onti: Lo ya acostumbrado en esta F1

Acaba de concluir el Gran Premio de España de F1 en el circuito de Montmeló, en Cataluña. Una vez más, y como casi siempre desde hace un buen par de temporadas, los rivales a luchar por la victoria, e incluso por el podio, han sido los mismos de costumbre. De nada vale que en la cuarta carrera de la campaña en curso, desde la ilusión urdida por los medios, las exigencias hayan pretendido ser otra cosa.
 
Iniciamos la estación automovilística de la Fórmula 1 con expectativas que, visto lo visto, no aparentan ir más allá de los papeles previstos. Las promesas de que cambiarían los resultados de este gran circo quedó sólo en eso, en pretensiones de una credibilidad que la realidad borra de un plumazo carrera tras carrera.
 
Vuelve a vencer el vertiginoso poder de Mercedes Benz con Lewis Hamilton como un Don Quijote inquebrantable que, sostenido por su ladero Valtteri Bottas cuidándole sus espaldas, marca una nueva victoria para el piloto inglés lanzado a por una tacha más en su pronunciada lanza. Con la confianza de saber que cuenta con la mejor máquina del paddock, Hamilton ha vuelto a imponer su ley, la del más fuerte, la del más congraciado, y la del mejor en este deporte.
 
De poco ha valido la valentía, casi de un capricho suicida intentada por Red Bull, pensando que Max Verstappen se podría haber impuesto en Montmeló con una estrategia que rozaba la incredulidad, esa de aguantar casi toda la exigencia de la carrera con un juego de neumáticos ante el embate del inglés. El absurdo sólo premió al neerlandés quedando por delante de un Bottas en plan piloto secundario aunque su coche, en realidad, no lo sea.
 
Por detrás sigue alineándose todo el negocio de sustento mercantil hacia una competencia que ha ido sucumbiendo al acotado interés que levanta hoy en el aficionado común la F1. En persecución del inesperado estrellato, y en un cuadro de medianía absorbida por las circunstancias, un manojo de buenos pilotos se monta a máquinas inferiores para satisfacer el interés de la categoría reina.
 
Sentados a la diestra de los Charles Leclerc y Carlos Sainz con Ferrari, esperan su turno con alguna esperanza los Lando Norris y Daniel Ricciardo con McLaren y Checo Pérez en el otro Red Bull. Mucho más atrás, deseosos de recibir alguna dádiva de ocasión, comienzan a arrastrarse con su cada vez más ajada experiencia, los Sebastian Vettel, Kimi Raikkonen y Fernando Alonso. Mientras tanto, y por algún tiempo más, la jerarquía de Hamilton, la valentía de Verstappen, y el motor de Bottas, seguirán regalándonos la ‘emoción’ en los domingos de esta F1.
 

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